Imaginate que estás a punto de morir en unas veinte horas, y lo sabés.
Imaginate que sabés hasta la forma de caminar de las pisadas que va a dar tu amiga/o para venderte por unas monedas.
Imaginate la sonrisa lujuriosa de tus enemigos al saber que te van a hacer pelota.
Imaginate que ya sabés la forma, mas o menos, en la que te van a torturar y matar.
Vos imaginátelo. Jesús lo vivió. A eso viene la partecita de que sudó sangre. Estaba tan desesperado que se le salía la sangre desde antes, como adelantándose a lo que sería.
O no. Sólo tenía miedo. Nada de heroísmos. Estaba sintiendo en su carne la humanidad que decidió vivir.
Nunca terminamos de entenderlo; decidirá cada cual la versión a creer.
Santiago fue el primero en reconocer, a lo lejano, a Judas como parte de la comitiva del Sanedrín.
- Estamos mal, Jesús -balbuceó Pedro-. Rajemos. Son como veinte, Maestro.
Jesús se mantuvo en silencio, junto a Juan. Santiago estaba nervioso y mudo. Pedro seguía balbuceando escapes fantásticos. En unos veinte segundos tenían a diez guardias rodeándolos, junto a una comitiva de cuatro Maestros de la Ley, y Judas.
-¿Como andás? -se acercó Judas, al instante.
Ahora te propongo otro ejercicio.
Imaginate los mas hermosos besos de tu vida. Uno que le hayas dado a tu novio/a de adolescencia. ¿No tuviste? Bueno, alguien que te haya gustado. Aunque sea alguien de una noche, un veranito, unos meses.
-Con un beso...
Ahora pensá en los besos mas formales, mas adultos: la pareja de los veinte; el del matrimonio de los treinta que ya no es (no pienso negar que el divorcio sucede, soy consciente de lo que tristemente pasa); ese nuevo empezar con otro amor, quizás no tan santo pero con cierta sinceridad, la posible después de tantos palazos que la vida común y corriente prodiga a los Hijos de Dios.
-...¿con un beso, Judas...? - ya con voz quebradiza.
Imaginate los besos que representan los encuentros de amigos, las pasiones prohibidas (y no tanto), los besos robados, los pícaros, los que se dan una madre o padre con su hija/o, los de los transeúntes que no podemos identificar en la calle, los de las novelas de ficción, los de los personajes de manga y/o animé (Perdonen todos, sobre todo Vos Jesús, pero el de Shinji y Asuka es para que aprendamos todos lo que NO hay que hacer), los besos que, no se, se dan por ahí, como la aventura inesperada...
Viste, el amor que suele poblar la Tierra, en distintos grados de belleza, todos los santos y no santos días de la Tierra en todos los tiempos de la Vida.
-..¿¡con un beso entregás al Hijo del Hombre!? -Y ahora imaginate los mocos saliéndosele a Jesús de la nariz como una canilla abierta, y la cara roja, y los ojos destruídos como si se hubiese falopeado; pero no, solamente lloró y las lágrimas le llegaban hasta la boca y pasaban hasta mas debajo del cuello.
Bueno, ahora pensá que Judas dio un beso como signo de delación. Era la señal para el ataque.
-¿A tu amigo? -susurró Jesús, finalmente.
Para entonces, ya estaba consumado el acto.
A los diez segundos, ya no quedaba nadie en esa zona. No había luces; se alejaban, por un lado, con Juan y Pedro (Santiago se escapó a los trotes por otro lado); por otro, con los conspiradores. Judas quedó solo, mirando los árboles, la tierra, sintiendo la oscuridad. Su cuerpo le pedía dormir, pero no podía darse ese privilegio: había terminado con sus últimos años de vida, con sus compañeros, con su mejor compañero.
Lloró amargamente al pensar un poco las consecuencias de sus actos.
''¿Por qué con un beso?'' repensó. Pero era medio tarde. Comenzó a desesperar. Se dejó lentamente invadir por ella. Como una sensación que debía ser. Estaba marcado por algún árbitro. Era así, y bueno, qué podía hacerse.
Cuando empezó ese pensar, sí que era tarde para Judas.
Jesús, entretanto, a los tumbos, iba hacia su destino, el único que podía aceptar. Si había aceptado los besos de cariño, debía aceptar los de odio. Era la naturaleza humana que debía consumar en sí.
Era el momento de descender al sufrimiento; y la traición siempre suele ser sólo el inicio.
domingo, 19 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
Apertura
Léase escuchando esta canción (cliquee aquí)
Abrir los ojos del
corazón secreto.
Elevarse por sobre
la miseria del mundo.
Ser del mundo superior
estando en este mundo.
Aprender a considerar
todo aquello positivo
y derribar de uno
todo lo que es mal.
Nunca olvidarte,
nunca olvidarlos.
Nunca sufrir por nadie
que sea innecesario.
Lloraría por tener
en mis manos, en mi conciencia,
una pizca del Saber
que se erige sobre todos.
Entonces,
miro adentro
y veo el amor
que tengo.
Sonrío porque
no falta nada.
Ya está hecho
el comienzo.
Abrir los ojos del
corazón secreto.
Elevarse por sobre
la miseria del mundo.
Ser del mundo superior
estando en este mundo.
Aprender a considerar
todo aquello positivo
y derribar de uno
todo lo que es mal.
Nunca olvidarte,
nunca olvidarlos.
Nunca sufrir por nadie
que sea innecesario.
Lloraría por tener
en mis manos, en mi conciencia,
una pizca del Saber
que se erige sobre todos.
Entonces,
miro adentro
y veo el amor
que tengo.
Sonrío porque
no falta nada.
Ya está hecho
el comienzo.
domingo, 14 de abril de 2013
Sólo si será
Despierta
la luz interior
que el alba
permitió paso.
Quiero perderme
en tus ojos
aguamarinos
transparentes
penetrantes
llenos de sensación.
Te vi una vez
y ya te
amo
hasta la última.
Despiértame
sólo si será contigo.
Despertame
sólo si estoy con vos.
la luz interior
que el alba
permitió paso.
Quiero perderme
en tus ojos
aguamarinos
transparentes
penetrantes
llenos de sensación.
Te vi una vez
y ya te
amo
hasta la última.
Despiértame
sólo si será contigo.
Despertame
sólo si estoy con vos.
viernes, 22 de marzo de 2013
Carta para un amigo perdido
Si te vuelvo a ver, prometo no deshacerme en palabras. Sólo un abrazo y un beso, una lágrima y una sonrisa, ver el Sol, rascarnos la cabeza... Volver a ser amigos como antes.
Espero volverte a ver y que la primavera no se me haga un hueco profundo en la panza.
No quiero que nuestros caminos vuelvan a separarse; que no nos desfiguremos la cara jamás; que no volvamos a desdibujar nuestros senderos.
Las horas bellas de la infancia, despreocupados nosotros, se terminaron en el Tiempo de la Vida; pero confío en que la jeunesse (te tiro francés porque sé cuánto te gusta) nos reunirá bajo la misma fragancia de primavera, a la vanguardia de la luz de la mañana...
Confío mucho en la reunión, pero es arcano maestro lo que pueda suceder. Vivimos en la misma ciudad, ¡pero pareciera que vivo en Tokyo y vos en Paris!
Entonces cierro los ojos y pienso en lo que pasamos hace tiempo, con el cuerpo joven, viendo sin saber al cielo...
Si te vuelvo a ver, no se, prometo que no voy a dejarte ir amigo mío. En su momento me creí el cuento de las cosas nuevas y pagué una condena de soledad soltera. Quizás vuelvo por tu ternura indescifrable. Quizás, es solo una carta para el quemadero.
Pero aún así, te digo, reitero: si te vuelvo a ver, prometo no deshacerme en palabras. Solamente voy a hacerme pequeño y sonreír con tu llegada.
E.
Espero volverte a ver y que la primavera no se me haga un hueco profundo en la panza.
No quiero que nuestros caminos vuelvan a separarse; que no nos desfiguremos la cara jamás; que no volvamos a desdibujar nuestros senderos.
Las horas bellas de la infancia, despreocupados nosotros, se terminaron en el Tiempo de la Vida; pero confío en que la jeunesse (te tiro francés porque sé cuánto te gusta) nos reunirá bajo la misma fragancia de primavera, a la vanguardia de la luz de la mañana...
Confío mucho en la reunión, pero es arcano maestro lo que pueda suceder. Vivimos en la misma ciudad, ¡pero pareciera que vivo en Tokyo y vos en Paris!
Entonces cierro los ojos y pienso en lo que pasamos hace tiempo, con el cuerpo joven, viendo sin saber al cielo...
Si te vuelvo a ver, no se, prometo que no voy a dejarte ir amigo mío. En su momento me creí el cuento de las cosas nuevas y pagué una condena de soledad soltera. Quizás vuelvo por tu ternura indescifrable. Quizás, es solo una carta para el quemadero.
Pero aún así, te digo, reitero: si te vuelvo a ver, prometo no deshacerme en palabras. Solamente voy a hacerme pequeño y sonreír con tu llegada.
E.
jueves, 21 de febrero de 2013
Dual-unicidad
Con la noche,
se hacen dos.
Son dos cuerpos
desunidos huyendo,
buscando, oliendo
una nueva unión.
Con la nieve, los amantes
se siguen haciendo;
continúan amando
la esencia que los creó.
Al roce de la mañana,
al sudor del rocío propio,
se levantan como
en el campo la flor.
Con el día,
vuelven uno y uno, los dos.
se hacen dos.
Son dos cuerpos
desunidos huyendo,
buscando, oliendo
una nueva unión.
Con la nieve, los amantes
se siguen haciendo;
continúan amando
la esencia que los creó.
Al roce de la mañana,
al sudor del rocío propio,
se levantan como
en el campo la flor.
Con el día,
vuelven uno y uno, los dos.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Extraños y nada más
La explanada quedaba vacía al ritmo del reloj. Eran las cuatro de la tarde, un lluvioso otoño de 2001. Inolvidable el gris ceniza del cielo: nunca más lo volví a ver.
Carla, debajo de la tierra, halló su morada hasta el fin del planeta. Sus amigos se empezaban a ir. Quedábamos Juan, un tipo de gabardina y yo.
Miramos el viento corriendo sobre los arbolitos. Yo, por caso, vi fuego sobre las copas de los arboles, siendo que el viento arrancaba herbajos de cuajo. Juan, ni idea...
Sonó su celular. Atendió con preocupación.
En eso, el tipo me sonrió como si supiera que todo era mi culpa. Yo lloré en silencio mi amargura. Era mi culpa todo lo que sucediera allí.
- Adiós -susurró de modo respetuoso Juan.
El tipo se fue. Juan se fue. Yo quedé solo, mirando el montículo de tierra que escondía los restos de Carla. La volví a pensar y me desmoroné en el suelo.
(Si tan solo pudiera volver al primer beso...)
Lloré y me levanté. No ganaba nada lamentando mi idiotez. Ajusté mi cinturón y volví al coche que me aguardaba.
En algún otro lugar de la ciudad, un grito resonaba pidiendo mi auxilio, y yo no lo podía socorrer. Otra vez la misma historia, pero cuenta con un elemento mas trágico que prefiero no develar por el momento.
Carla, debajo de la tierra, halló su morada hasta el fin del planeta. Sus amigos se empezaban a ir. Quedábamos Juan, un tipo de gabardina y yo.
Miramos el viento corriendo sobre los arbolitos. Yo, por caso, vi fuego sobre las copas de los arboles, siendo que el viento arrancaba herbajos de cuajo. Juan, ni idea...
Sonó su celular. Atendió con preocupación.
En eso, el tipo me sonrió como si supiera que todo era mi culpa. Yo lloré en silencio mi amargura. Era mi culpa todo lo que sucediera allí.
- Adiós -susurró de modo respetuoso Juan.
El tipo se fue. Juan se fue. Yo quedé solo, mirando el montículo de tierra que escondía los restos de Carla. La volví a pensar y me desmoroné en el suelo.
(Si tan solo pudiera volver al primer beso...)
Lloré y me levanté. No ganaba nada lamentando mi idiotez. Ajusté mi cinturón y volví al coche que me aguardaba.
En algún otro lugar de la ciudad, un grito resonaba pidiendo mi auxilio, y yo no lo podía socorrer. Otra vez la misma historia, pero cuenta con un elemento mas trágico que prefiero no develar por el momento.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Visitas
Otro fragmento de mi proyecto sobre Jesús. En algún momento he de compilar todo lo que tengo...
Los soldados entraron al vestíbulo con inquietantes noticias para los senadores Claudio, Valerio y Lisio Crato. Como oían desde allí la orgía que se daba en los aposentos de invitados, prefirieron esperar hasta que los legados acabasen su entretenimiento.
Claudio salió de la habitación a paso lento. Estaba cansado. Eyacular era genial, lo hacía vibrar junto a sus antepasados. Se sentía unido por un lazo secreto, arcano: el semen, cadena de contacto entre generaciones. Además, un lindo ejercicio. Pero lo cansaba. Tomando la espada del suelo, intentaba recordar porqué estaba allí, lejos de Roma, lejos de su esposa y sus amigos optimates del Senado, juntando cansancio y polvo en Cesarea de Tiro. Pronto recordó el motivo: ordenes de Tiberio. Y se calló su mente.
A los tumbos, abrió la puerta de par en par. Se topó con unos soldados a los que no les importó su desnudez.
- Legado.
- Prefiero senador de Roma -A Claudio le arrancaba cualquier cosa el mal genio-. Diga.
- Estamos en deber de informarle el asesinato de tres ciudadanos romanos, senador, en una pequeña revuelta...
Claudio los interrumpió, pidiendo una copa de vino a los gritos y aplausos.
- ¿Cómo que una pequeña rebelión? ¿Pequeña? -Remarcó, sonriendo como un loco-. No la califique, no adjetive... Fue una puta rebelión de estos tipos que solo para... pagar impuestos sirven... Gracias, Janea -dijo entre sonrisas a una de las prostitutas. Volvió la vista a los soldados-. Toda rebelión es una falta de respeto a Roma. Toda muerte de un ciudadano romano es una tragedia para el Imperio. ¿Entendió?
- Si, senador -dijeron al unísono, a su pesar.
Claudio sonrió con displicencia.
- Vayan nomás. Y gracias por informarme, veré que podemos hacer.
'Justo cuando estaba a punto de agarrarme a Itálica...'
Se dio vuelta rápido, volviendo al cuarto de invitados. Los soldados no pudieron decir mucho, pero eso no quedaría así.
Apenas salieron de la vista del legado capitalino, los soldados acordaron que lo mejor era hablar con el legado militar y no con unos políticos. Muy sabiamente, al acudir con el procónsul Marco Reacio obtuvieron un recibimiento decoroso y una atención mas interesada.
- Asique unas revueltas... -Marco Reacio tomó su barbilla, como solía hacerlo-. Díganme, ¿es esto usual?
- Desde hace un año, procónsul.
Éste preguntó el porqué: obtuvo un nombre.
- Juan.
Marco Reacio frotó su cabellera blanca. ¿Quién?
- Juan. Le dicen 'el bautista', porque hace ese ritual de echar agua sobre la gente o meterla en el Jordán.
- Vive en el desierto, como un vago.
- Perdona pecados y prepara a su gente para otro hombre, dice...
-Una de esas cosas religiosas de los judíos.
El legado entendía qué podía estar cocinándose. La vieja profecía del Mesías que liberaría a Israel de sus males. Pensar que la primera vez que estuvo en esos lugares, aún vivía el malhechor de Herodes el Grande y esas historias resonaban con fuerza le dio a sus pensamientos un dejo nostálgico. Volvían su mente los dieciséis, las mujeres que violaban en la carretera, los juegos de azar hasta la madrugada... Regresó a Tiro, a sus aburridos casi cincuenta.
- Interesante. Puedo hablar a los senadores de ésto.
Los soldados quedaron tiesos, viendo qué decirle al legado sobre sus colegas que gozaban de un puesto senatorial en Roma y la atención que brindarían a una historia de rebeliones judías y un rabino del desierto en Judea. Marco reacio, viendo las caras de los hombres, agregó:
- Y a mis compañeros de armas, también.
Los soldados se retiraron, entonces, con tranquilidad, algo que el legado romano perdió de golpe. Una revuelta en Judea sería un pésimo recuerdo de su paso, tanto en Judea mismo como en Roma.
'Alguien debe hablar ya mismo con Poncio'.
Los soldados entraron al vestíbulo con inquietantes noticias para los senadores Claudio, Valerio y Lisio Crato. Como oían desde allí la orgía que se daba en los aposentos de invitados, prefirieron esperar hasta que los legados acabasen su entretenimiento.
Claudio salió de la habitación a paso lento. Estaba cansado. Eyacular era genial, lo hacía vibrar junto a sus antepasados. Se sentía unido por un lazo secreto, arcano: el semen, cadena de contacto entre generaciones. Además, un lindo ejercicio. Pero lo cansaba. Tomando la espada del suelo, intentaba recordar porqué estaba allí, lejos de Roma, lejos de su esposa y sus amigos optimates del Senado, juntando cansancio y polvo en Cesarea de Tiro. Pronto recordó el motivo: ordenes de Tiberio. Y se calló su mente.
A los tumbos, abrió la puerta de par en par. Se topó con unos soldados a los que no les importó su desnudez.
- Legado.
- Prefiero senador de Roma -A Claudio le arrancaba cualquier cosa el mal genio-. Diga.
- Estamos en deber de informarle el asesinato de tres ciudadanos romanos, senador, en una pequeña revuelta...
Claudio los interrumpió, pidiendo una copa de vino a los gritos y aplausos.
- ¿Cómo que una pequeña rebelión? ¿Pequeña? -Remarcó, sonriendo como un loco-. No la califique, no adjetive... Fue una puta rebelión de estos tipos que solo para... pagar impuestos sirven... Gracias, Janea -dijo entre sonrisas a una de las prostitutas. Volvió la vista a los soldados-. Toda rebelión es una falta de respeto a Roma. Toda muerte de un ciudadano romano es una tragedia para el Imperio. ¿Entendió?
- Si, senador -dijeron al unísono, a su pesar.
Claudio sonrió con displicencia.
- Vayan nomás. Y gracias por informarme, veré que podemos hacer.
'Justo cuando estaba a punto de agarrarme a Itálica...'
Se dio vuelta rápido, volviendo al cuarto de invitados. Los soldados no pudieron decir mucho, pero eso no quedaría así.
Apenas salieron de la vista del legado capitalino, los soldados acordaron que lo mejor era hablar con el legado militar y no con unos políticos. Muy sabiamente, al acudir con el procónsul Marco Reacio obtuvieron un recibimiento decoroso y una atención mas interesada.
- Asique unas revueltas... -Marco Reacio tomó su barbilla, como solía hacerlo-. Díganme, ¿es esto usual?
- Desde hace un año, procónsul.
Éste preguntó el porqué: obtuvo un nombre.
- Juan.
Marco Reacio frotó su cabellera blanca. ¿Quién?
- Juan. Le dicen 'el bautista', porque hace ese ritual de echar agua sobre la gente o meterla en el Jordán.
- Vive en el desierto, como un vago.
- Perdona pecados y prepara a su gente para otro hombre, dice...
-Una de esas cosas religiosas de los judíos.
El legado entendía qué podía estar cocinándose. La vieja profecía del Mesías que liberaría a Israel de sus males. Pensar que la primera vez que estuvo en esos lugares, aún vivía el malhechor de Herodes el Grande y esas historias resonaban con fuerza le dio a sus pensamientos un dejo nostálgico. Volvían su mente los dieciséis, las mujeres que violaban en la carretera, los juegos de azar hasta la madrugada... Regresó a Tiro, a sus aburridos casi cincuenta.
- Interesante. Puedo hablar a los senadores de ésto.
Los soldados quedaron tiesos, viendo qué decirle al legado sobre sus colegas que gozaban de un puesto senatorial en Roma y la atención que brindarían a una historia de rebeliones judías y un rabino del desierto en Judea. Marco reacio, viendo las caras de los hombres, agregó:
- Y a mis compañeros de armas, también.
Los soldados se retiraron, entonces, con tranquilidad, algo que el legado romano perdió de golpe. Una revuelta en Judea sería un pésimo recuerdo de su paso, tanto en Judea mismo como en Roma.
'Alguien debe hablar ya mismo con Poncio'.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Lenguaje universal
Reflexioné en un 107 camino a Belgrano acerca del lenguaje universal de los seres humanos.
No es un sistema de lenguas como el español, el japonés, el morse, los gestos, o eso...
Reconozco al amor como idioma universal del ser humano. El arte y el odio son sistemas secundarios, pero interesantes para analizar.
Una caricia, un te quiero, la entrega desinteresada.
Un edificio, unos sonidos, ver un graffiti.
Un golpe, una puteada, dejarte solo.
Sistemas de símbolos. Signos que representan algo más. ¿Que?
La división. Las ganas de estar solo a cualquier precio. La desilusión. La esperanza. Las ganas de expresar un mundo particular. La locura o sanidad propias. El deseo de reproducir los deseos mentales. El respeto a la raza. Soberbia. Interés. El anhelo de unidad de los seres. El entendimiento. Fantasías. Caídas y ascensos. Saber que hay alguien que te banca. Que te quiere. Te entiende de verdad. Te ama. Amor...
¿Tan difícil es entender?
sábado, 20 de octubre de 2012
Frases, reflexiones, sentimientos
La mano que bendice es la misma que golpea. Hay que saber domar el golpe y enviar mas bendiciones.
Mi amor a la Literatura es el amor que no puedo darle a las personas.
No se que decirte, ¡si quiero decirte todo!
Falso soy, pero no implica que no te quiera; solo significa que soy muy débil, y te necesito además de quererte.
Me duele toda la decepción que te generé, todo el amor que te negué.
El servicio que se brinda vuelve tarde; el mal hecho, mas tarde aún. Por eso hay muchos hijos de puta y poca buena gente.
Creo que te quiero tanto como a mi Play 3. ¿Entendés? ¡Te amo!
La pobreza me hace fuerte, porque nada necesito sino la riqueza de tu Amor.
¿Ser infiel, yo? ¡Siempre! - que pasa, ¿te sorprende mi sinceridad?
El amor es amor en tanto uno sea capaz de negar-se, negar el ser propio, en pos de otro-ser.
Tan linda y tan lejana que me ciega tu visión cuasi beatífica.
Quiero ser la fantasía de tus noches, a menos que pueda ser tu realidad todo el día - todos los días.
No se cómo pude enamorarme de vos, si sé que nunca lo harías vos de mí...
El Amor nos hace sentir, respirar, vivir infinitamente, al menos un segundo, en medio de este tumulto de finitud. Por eso es divino. Por eso Dios es Amor.
Mi amor a la Literatura es el amor que no puedo darle a las personas.
No se que decirte, ¡si quiero decirte todo!
Falso soy, pero no implica que no te quiera; solo significa que soy muy débil, y te necesito además de quererte.
Me duele toda la decepción que te generé, todo el amor que te negué.
El servicio que se brinda vuelve tarde; el mal hecho, mas tarde aún. Por eso hay muchos hijos de puta y poca buena gente.
Creo que te quiero tanto como a mi Play 3. ¿Entendés? ¡Te amo!
La pobreza me hace fuerte, porque nada necesito sino la riqueza de tu Amor.
¿Ser infiel, yo? ¡Siempre! - que pasa, ¿te sorprende mi sinceridad?
El amor es amor en tanto uno sea capaz de negar-se, negar el ser propio, en pos de otro-ser.
Tan linda y tan lejana que me ciega tu visión cuasi beatífica.
Quiero ser la fantasía de tus noches, a menos que pueda ser tu realidad todo el día - todos los días.
No se cómo pude enamorarme de vos, si sé que nunca lo harías vos de mí...
El Amor nos hace sentir, respirar, vivir infinitamente, al menos un segundo, en medio de este tumulto de finitud. Por eso es divino. Por eso Dios es Amor.
martes, 9 de octubre de 2012
Preparando el final
La velada estaba colmada en Jerusalén. Todos estaban llenos, que no podían casi moverse de las sillas. Charlaban con ánimo, pero preocupados por las palabras del Maestro.
En su Cena, Jesús se levantó de súbito, diciendo con un vozarrón poderoso:
- Pedro, Santiago, Juan. Vamos.
Los otros ocho quedaron tiesos, mirándose uno al otro, sin nada que hacer. Empezaron a hablar sandeces. A lo lejos, ya camino a Getsemaní, les pareció oír un griterío espectacular proveniente de la casa. Pedro se ofreció a ir a visitarlos y ver que sucedía, pero Jesús lo detuvo.
- Nada malo les pasará. Ni a ellos, ni a ustedes. El problema es conmigo.
A lo que, luego de un lapso, añadió:
- Síganme.
Desde la misma casa del Sumo Sacerdote, una partida de mercenarios salía encabezada por Judas Iscariote. El sonreía con pereza, casi obligado. Shamiel lo miró encantado.
- Esto debe ser hecho. Por Israel.
Shamiel encabezaba sus frases con esto. Seguía con que la división del pueblo, con que los fariseos no podían dar pasos atrás, otras cosas políticas, dinero, traición, no es una traición, Roma. Judas empezaba a perder la cordura , entre tantos términos y conceptos complicados que encubrían el asesinato de un hombre. Ya no tenía dudas: ese Jesús no era, para él, el Mesías. Pero aún así, no creía que crucificarlo fuese un destino adecuado, como fogoneaban algunos cuantos amigos suyos del Sanedrín. Con el exilio en algún lugar de África, o prisión perpetua en Roma bastaba. Había miles de alternativas. ¿Por qué brotaba la mas violenta siempre?
- Te prometo que vamos a encarcelarlo y nada más -Shamiel lo miró fijo a los ojos-. Por ahí lo azotan un poco, el acepta que las cosas se fueron demasiado lejos, se pacta algún acuerdo y listo. Los seguidores se dispersarán pronto, o los matamos. Y todos los que importamos vivimos cómodos y felices, como cuando él no estaba dando vueltas.
Suspiraron juntos.
- Como se nota que no lo conocés -siseó Judas, evitando derribar punto por punto el extraño razonamiento de su amigo.
- ¿No va a negociar? -Shamiel gimoteó una risa-. Está su vida en juego. Vamos a ver si cuando entienda que su actitud lo va a llevar al exilio o a la muerte, no va a querer negociar.
- Insisto: no lo conocés. No negoció hasta ahora, no lo va a hacer después...
Se hizo un silencio escandaloso, de pisadas de sandalias nomás.
''¿Por qué no puede haber algo donde no esté involucrada la sangre en estos tiempos?''
En un costado, tras unos árboles, un ángel, invisible a los hombres, asqueado de ellos, gozaba toda la situación. Se relamía repitiéndose el pasaje de la Escritura Santa:
''Heriré al Pastor, y sus ovejas se dispersarán''
En su Cena, Jesús se levantó de súbito, diciendo con un vozarrón poderoso:
- Pedro, Santiago, Juan. Vamos.
Los otros ocho quedaron tiesos, mirándose uno al otro, sin nada que hacer. Empezaron a hablar sandeces. A lo lejos, ya camino a Getsemaní, les pareció oír un griterío espectacular proveniente de la casa. Pedro se ofreció a ir a visitarlos y ver que sucedía, pero Jesús lo detuvo.
- Nada malo les pasará. Ni a ellos, ni a ustedes. El problema es conmigo.
A lo que, luego de un lapso, añadió:
- Síganme.
Desde la misma casa del Sumo Sacerdote, una partida de mercenarios salía encabezada por Judas Iscariote. El sonreía con pereza, casi obligado. Shamiel lo miró encantado.
- Esto debe ser hecho. Por Israel.
Shamiel encabezaba sus frases con esto. Seguía con que la división del pueblo, con que los fariseos no podían dar pasos atrás, otras cosas políticas, dinero, traición, no es una traición, Roma. Judas empezaba a perder la cordura , entre tantos términos y conceptos complicados que encubrían el asesinato de un hombre. Ya no tenía dudas: ese Jesús no era, para él, el Mesías. Pero aún así, no creía que crucificarlo fuese un destino adecuado, como fogoneaban algunos cuantos amigos suyos del Sanedrín. Con el exilio en algún lugar de África, o prisión perpetua en Roma bastaba. Había miles de alternativas. ¿Por qué brotaba la mas violenta siempre?
- Te prometo que vamos a encarcelarlo y nada más -Shamiel lo miró fijo a los ojos-. Por ahí lo azotan un poco, el acepta que las cosas se fueron demasiado lejos, se pacta algún acuerdo y listo. Los seguidores se dispersarán pronto, o los matamos. Y todos los que importamos vivimos cómodos y felices, como cuando él no estaba dando vueltas.
Suspiraron juntos.
- Como se nota que no lo conocés -siseó Judas, evitando derribar punto por punto el extraño razonamiento de su amigo.
- ¿No va a negociar? -Shamiel gimoteó una risa-. Está su vida en juego. Vamos a ver si cuando entienda que su actitud lo va a llevar al exilio o a la muerte, no va a querer negociar.
- Insisto: no lo conocés. No negoció hasta ahora, no lo va a hacer después...
Se hizo un silencio escandaloso, de pisadas de sandalias nomás.
''¿Por qué no puede haber algo donde no esté involucrada la sangre en estos tiempos?''
En un costado, tras unos árboles, un ángel, invisible a los hombres, asqueado de ellos, gozaba toda la situación. Se relamía repitiéndose el pasaje de la Escritura Santa:
''Heriré al Pastor, y sus ovejas se dispersarán''
lunes, 1 de octubre de 2012
Missolonghi
''Uno gusta de volver adonde fue feliz.''
Quedé mirándolo ceñudamente. Otra vez con sus divagues. Viendo mi cara, rió y continuó con su teorema:
- Si, de verdad Fede. No importa si estamos viejos y todos nuestros amigos están en un cajón. Amamos volver a donde fuimos felices. El lugar físico nos llama como la fogata a nuestros ancestros de las cavernas...
- ¿Aunque cambie todo alrededor?
- Sí, pibe -Susurró como lo hace un género literario olvidado en las ruinas de Petra.
Sonreí extrañado; el también, otra vez. No entendía a qué venía la frase. Quedamos en silencio, contemplando la negrura de la estación bañada en luces mortecinas provistas por el Estado.
Gabriel encendió un cigarrillo, esos Virginia Slims (``Ah, los de mujer´´. Solíamos molestarlo con ello en la Secundaria). Le encantaban -le encantan. Su pasión por lo exótico o lo extranjero, otra vez. Las pinturas de Caspar Friedrich, la obra de William Blake o Lovecraft; ni hablar de sus viajes por Mongolia y Rusia, o su intrincada historia de sexo mirando las ruinas de Angkor Vat. Nunca especificó si era hétero u homo, si fue orgía o qué, pero lo de Angkor Vat era el toque necesario, el único que importaba.
Respiramos hondo, coreografiados desde alguna mano experta.
- Me voy.
Quebró la negrura, que se diluyó en mis ojos como acuarela.
- El exilio de Gardel -contesté defensivamente y a destiempo.
Le dió una fuerte pitada al cigarrillo, mirándome con melancolía bien porteña. Nunca le terminó de gustar la película -siempre prefirió 'Sur'.
- Creo que ahora la entiendo más -gruñó-. Los sentimientos han ganado una batalla. Pero, volviendo a lo mío, me voy de verdad. Adonde fui feliz.
Quedé mirándolo sin comprender. ¿Hablaba de sus pagos de Tandil? ¿De Roma, donde se instaló unos meses en un intercambio de la facultad? ¿Alguna ciudad griega, no se, Missolonghi, donde cayó Byron luchando a los turcos otomanos?
Armé en palabras los misterios:
- ¿Hacia dónde te vas?
- A la casa de mi madre.
Suspiré hondamente. Villa Urquiza. ¿Por qué tanto misterio por eso?
- Volvés con tu vieja. Me decís que volvés a vivir con tu vieja -gruñí.
Asintió litúrgicamente, símil mantis.
- Me jodés.
- Para nada. Chau Devoto, chau laburo, chau parrandas indiscriminadas -Respiró aliviado por la descarga-. Vuelvo a donde fui feliz: a mi infancia. Dominado por mamá, estudiando algo, saliendo una o dos veces, los findes...
Continuó hablando pero mis oídos no oían. No me interesaba. Lo odiaba. Volvía a ser (o intentar ser) feliz. Yo, con un anillo puesto y sacado, sin madre pero con hijas, no podía rebobinar; pero él, él si podía... Y lo odiaba por tener una vida tan ordenable.
Eché a andar por las calles empedradas, sobrevivientes de una fuga penosa, pedazos de un pasado que se fue para no regresar ni en pesadillas ni en figuras oníricas siquiera. Los adoquines me hicieron acordar a Persia. Las ruinas babilónicas que no volverán a ser el palacio de Alejandro. Así volvía a casa, para el lado del Seminario.
Unos días luego, tuvo la decencia de llamar. Atendí con despecho de pareja quinceañera.
- Sí.
- Fede, escuchame -arrancó Gaby-, no todo tiene por qué cambiar drásticamente. Podemos comer en la estación algunas noches, pasear por la plaza, corr...
- Mentira -susurré.
- Podrías repensarlo... El lugar físico me llamó y no me podía contener. Es instintivo. Es como matar a una vaca para comerla, como...
- Mentira -grité en seco.
Puse el auricular en su lugar. Oía algo... un eco de una caverna.
Fui al baño y lloré cansadamente.
Volví a la estación, paso a paso, reconstruyendo lo que creí presente pero se hizo pasado. Israel, Egipto, Bizancio, el ritmo del Reino Inglés, Rusia, Estados Unidos, China. Auge y caída, tarde o temprano. El ciclo inmutable de la vida, que deja atrás el hoy, haciéndose ayer. Veía los carteles y las estructuras; todo se tiñió de sepia en un golpe por mas color que haya poseído por parte del neón. Mis ojos no lo resistieron, lloraron conmigo.
Una mujer vino, pidió fuego y se fue. Se lo cedí a destiempo. Como una metáfora de mi vida.
Me senté a ver el anteúltimo tren que pactó la empresa. Un rápido a Retiro. Miré el reloj, eran 10:47. Subí de imprevisto. Quería escapar adonde sea, necesitaba sentir el sonido de la maquinaria chocando sobre los rieles -y todo esto que me haga olvidar mi presente.
Pronto dormí, llevado por un sueño pesado que me invadió sin aviso previo; ni una mísera trompeta de despedida...
El metal chocando con mi cabeza, y desperté. Abrí los ojos; por la ventana se erguía un paisaje desconocido: montes desolados, tierra de colores gris y ocre, y un cielo violeta, salpicado por unas nubes anaranjadas. No había signos de vegetación -al menos que conociera.
Bajé del tren dando pasos espaciados, verificando que nada sea una alucinación. No había habitantes, no recepción.
Un viento enorme se abalanzó sobre mí, devolviéndome al tren. Choqué con un asiento.
- Debemos sacarle info
- Que no, que no, q
- Me parec
- uesto no da
- ¿Que no da pelotu?
- ¡Me pica mepica!
- eimportanteque naaaaaada, REITERO, naaaaada...
- do? Idiota???
- !!!TRASCI
- ¡Me pica!
- Buenoeh
- ENDA!!!
Se dio un silencio. Yo los veía, ellos me veían. Empezaron a gritar salvajemente; me dolía mucho la cabeza, casi creí que moría... Y entonces, sentí el movimiento de una frazada sobre mí.
La habitación era pulcra y futurista; parecía sacada de ``Los Supersónicos´´. Las ventanas daban al espacio, la negrura y estrellas en cantidades infinitas, que aún así, un día se destruirán con nosotros.
- Le doy la cordial bienvenida a Oerzas, Sen.
- ¿Sen?
No entendía qué era esa cosa viscosa que me hablaba, me daba miedo. Tosió, se acomodó una parte. Sí, parecían ir desnudos y, encima, lo tienen todo en el mismo lugar que nosotros.
- Perdone, ustedes se dicen señor, cierto...
- ¿Donde estoy? -Quería volver a Devoto urgente.
- Oerzas, la estación espacial del planeta Sideria.
El miedo me estaba invadiendo. Ni siquiera me dijo Urano o Plutón: Sideria. ¿Que era eso?
- Ustedes le llamarían Andrómeda a nuestra galaxia -dijo, y yo enmudecí. Ni siquiera sabía si era cierto, pero enmudecí igualmente.
- Sáquenme de acá -gemí.
El ser viscoso se fue arrastrando sus 'piernas' hacia la puerta blanca. Quedé solo, pensando en los empedrados, el tren, la estación con sus luces de baja calidad, amores de Secundaria que no vi más... Hasta que apareció de nuevo el ser viscoso, acompañado de un ser verde de unos dos metros y medio. Pasó la puerta a gatas, de hecho -de ahí mi cálculo. El Viscoso y El Verde quedaron charlando en un idioma entre gutural y sincrónico. Parecía francés en unas palabras, en otras era coreano, y resonaba en el ambiente un estilo muy alemán de pronunciar ciertas palabras, sobre todo al final de su charla.
- Suéltenme -dije con voz firme, cuando dejaron de hablarse y sólo se miraban.
- En un ratito te soltamos -dijo El Verde, sonriendo.
Movió sus manos formando nubes con sus dedos. Yo miré hipnotizado, y me arrastré en las mareas del sueño mas turbulento y duro que recuerde.
Sólo puedo contar de mi sueño cosas horribles.
Sombras negras en un lugar seco y ardiente. Ellas se descomponían y volvían a rearmarse; fundiéndose con el fuego, emanaban en figuras mas aterradoras y decadentes que antes.
Un prado de hierbas negras; yo corría; detrás mío, un espantapájaros desecho me perseguía con una motosierra. Me envolvió un sonido espantoso y atronador (me hacía recordar a pasajes del disco ``Loveless´´ de My Bloody Valentine, en un momento) que me detuvo...
...para volver a pasar por el lugar seco y ardiente; que luego se volvió un páramo desquiciado, con gentes gimiendo de dolor, violaciones a mansalva, niños degollados tirados en el suelo, El Verde penetrando con un garrote a El Viscoso, una dama blanca siendo rapada con cuchillos por gente vestida de nigromantes, quienes, con los cabellos, formaban sogas con las cuales jugaban a colgar parejas de enamorados... Cosas más indescriptibles y extravagantes...
``¿¡Que mierda es esto?!´´
Poco después desperté (Al menos, lo sentí como un tiempo corto; ¿fue en verdad fue así?). Me sentí mas ligero. ¿Estaba drogado, fue un sueño? No importaba, porque estaba en Retiro, plácidamente tirado en el furgón. Por la luna y la oscuridad circundante, supe que era de noche. Me reconfortaba.
Oí el ruido del tren en movimiento. Vi por la ventana el cartel que decía ``Villa del Parque´´, y, según percibí, se dirigía hacia Devoto. Sonreí aliviado.
Volver al Sur, diría el cineasta. Podría gritar que vale la pena vivir (luego de lo sucedido, con razón); pero no, no lo vale; no mientras siga esperando en la estación a mi amigo. Que él esté en Urquiza para mí es lo mismo que esté en Júpiter, en un aspecto; en el otro, es una distancia tan triste que no emociona, solo apena el corazón...
Quedé mirándolo ceñudamente. Otra vez con sus divagues. Viendo mi cara, rió y continuó con su teorema:
- Si, de verdad Fede. No importa si estamos viejos y todos nuestros amigos están en un cajón. Amamos volver a donde fuimos felices. El lugar físico nos llama como la fogata a nuestros ancestros de las cavernas...
- ¿Aunque cambie todo alrededor?
- Sí, pibe -Susurró como lo hace un género literario olvidado en las ruinas de Petra.
Sonreí extrañado; el también, otra vez. No entendía a qué venía la frase. Quedamos en silencio, contemplando la negrura de la estación bañada en luces mortecinas provistas por el Estado.
Gabriel encendió un cigarrillo, esos Virginia Slims (``Ah, los de mujer´´. Solíamos molestarlo con ello en la Secundaria). Le encantaban -le encantan. Su pasión por lo exótico o lo extranjero, otra vez. Las pinturas de Caspar Friedrich, la obra de William Blake o Lovecraft; ni hablar de sus viajes por Mongolia y Rusia, o su intrincada historia de sexo mirando las ruinas de Angkor Vat. Nunca especificó si era hétero u homo, si fue orgía o qué, pero lo de Angkor Vat era el toque necesario, el único que importaba.
Respiramos hondo, coreografiados desde alguna mano experta.
- Me voy.
Quebró la negrura, que se diluyó en mis ojos como acuarela.
- El exilio de Gardel -contesté defensivamente y a destiempo.
Le dió una fuerte pitada al cigarrillo, mirándome con melancolía bien porteña. Nunca le terminó de gustar la película -siempre prefirió 'Sur'.
- Creo que ahora la entiendo más -gruñó-. Los sentimientos han ganado una batalla. Pero, volviendo a lo mío, me voy de verdad. Adonde fui feliz.
Quedé mirándolo sin comprender. ¿Hablaba de sus pagos de Tandil? ¿De Roma, donde se instaló unos meses en un intercambio de la facultad? ¿Alguna ciudad griega, no se, Missolonghi, donde cayó Byron luchando a los turcos otomanos?
Armé en palabras los misterios:
- ¿Hacia dónde te vas?
- A la casa de mi madre.
Suspiré hondamente. Villa Urquiza. ¿Por qué tanto misterio por eso?
- Volvés con tu vieja. Me decís que volvés a vivir con tu vieja -gruñí.
Asintió litúrgicamente, símil mantis.
- Me jodés.
- Para nada. Chau Devoto, chau laburo, chau parrandas indiscriminadas -Respiró aliviado por la descarga-. Vuelvo a donde fui feliz: a mi infancia. Dominado por mamá, estudiando algo, saliendo una o dos veces, los findes...
Continuó hablando pero mis oídos no oían. No me interesaba. Lo odiaba. Volvía a ser (o intentar ser) feliz. Yo, con un anillo puesto y sacado, sin madre pero con hijas, no podía rebobinar; pero él, él si podía... Y lo odiaba por tener una vida tan ordenable.
Eché a andar por las calles empedradas, sobrevivientes de una fuga penosa, pedazos de un pasado que se fue para no regresar ni en pesadillas ni en figuras oníricas siquiera. Los adoquines me hicieron acordar a Persia. Las ruinas babilónicas que no volverán a ser el palacio de Alejandro. Así volvía a casa, para el lado del Seminario.
Unos días luego, tuvo la decencia de llamar. Atendí con despecho de pareja quinceañera.
- Sí.
- Fede, escuchame -arrancó Gaby-, no todo tiene por qué cambiar drásticamente. Podemos comer en la estación algunas noches, pasear por la plaza, corr...
- Mentira -susurré.
- Podrías repensarlo... El lugar físico me llamó y no me podía contener. Es instintivo. Es como matar a una vaca para comerla, como...
- Mentira -grité en seco.
Puse el auricular en su lugar. Oía algo... un eco de una caverna.
Fui al baño y lloré cansadamente.
Volví a la estación, paso a paso, reconstruyendo lo que creí presente pero se hizo pasado. Israel, Egipto, Bizancio, el ritmo del Reino Inglés, Rusia, Estados Unidos, China. Auge y caída, tarde o temprano. El ciclo inmutable de la vida, que deja atrás el hoy, haciéndose ayer. Veía los carteles y las estructuras; todo se tiñió de sepia en un golpe por mas color que haya poseído por parte del neón. Mis ojos no lo resistieron, lloraron conmigo.
Una mujer vino, pidió fuego y se fue. Se lo cedí a destiempo. Como una metáfora de mi vida.
Me senté a ver el anteúltimo tren que pactó la empresa. Un rápido a Retiro. Miré el reloj, eran 10:47. Subí de imprevisto. Quería escapar adonde sea, necesitaba sentir el sonido de la maquinaria chocando sobre los rieles -y todo esto que me haga olvidar mi presente.
Pronto dormí, llevado por un sueño pesado que me invadió sin aviso previo; ni una mísera trompeta de despedida...
El metal chocando con mi cabeza, y desperté. Abrí los ojos; por la ventana se erguía un paisaje desconocido: montes desolados, tierra de colores gris y ocre, y un cielo violeta, salpicado por unas nubes anaranjadas. No había signos de vegetación -al menos que conociera.
Bajé del tren dando pasos espaciados, verificando que nada sea una alucinación. No había habitantes, no recepción.
Un viento enorme se abalanzó sobre mí, devolviéndome al tren. Choqué con un asiento.
- Debemos sacarle info
- Que no, que no, q
- Me parec
- uesto no da
- ¿Que no da pelotu?
- ¡Me pica mepica!
- eimportanteque naaaaaada, REITERO, naaaaada...
- do? Idiota???
- !!!TRASCI
- ¡Me pica!
- Buenoeh
- ENDA!!!
Se dio un silencio. Yo los veía, ellos me veían. Empezaron a gritar salvajemente; me dolía mucho la cabeza, casi creí que moría... Y entonces, sentí el movimiento de una frazada sobre mí.
La habitación era pulcra y futurista; parecía sacada de ``Los Supersónicos´´. Las ventanas daban al espacio, la negrura y estrellas en cantidades infinitas, que aún así, un día se destruirán con nosotros.
- Le doy la cordial bienvenida a Oerzas, Sen.
- ¿Sen?
No entendía qué era esa cosa viscosa que me hablaba, me daba miedo. Tosió, se acomodó una parte. Sí, parecían ir desnudos y, encima, lo tienen todo en el mismo lugar que nosotros.
- Perdone, ustedes se dicen señor, cierto...
- ¿Donde estoy? -Quería volver a Devoto urgente.
- Oerzas, la estación espacial del planeta Sideria.
El miedo me estaba invadiendo. Ni siquiera me dijo Urano o Plutón: Sideria. ¿Que era eso?
- Ustedes le llamarían Andrómeda a nuestra galaxia -dijo, y yo enmudecí. Ni siquiera sabía si era cierto, pero enmudecí igualmente.
- Sáquenme de acá -gemí.
El ser viscoso se fue arrastrando sus 'piernas' hacia la puerta blanca. Quedé solo, pensando en los empedrados, el tren, la estación con sus luces de baja calidad, amores de Secundaria que no vi más... Hasta que apareció de nuevo el ser viscoso, acompañado de un ser verde de unos dos metros y medio. Pasó la puerta a gatas, de hecho -de ahí mi cálculo. El Viscoso y El Verde quedaron charlando en un idioma entre gutural y sincrónico. Parecía francés en unas palabras, en otras era coreano, y resonaba en el ambiente un estilo muy alemán de pronunciar ciertas palabras, sobre todo al final de su charla.
- Suéltenme -dije con voz firme, cuando dejaron de hablarse y sólo se miraban.
- En un ratito te soltamos -dijo El Verde, sonriendo.
Movió sus manos formando nubes con sus dedos. Yo miré hipnotizado, y me arrastré en las mareas del sueño mas turbulento y duro que recuerde.
Sólo puedo contar de mi sueño cosas horribles.
Sombras negras en un lugar seco y ardiente. Ellas se descomponían y volvían a rearmarse; fundiéndose con el fuego, emanaban en figuras mas aterradoras y decadentes que antes.
Un prado de hierbas negras; yo corría; detrás mío, un espantapájaros desecho me perseguía con una motosierra. Me envolvió un sonido espantoso y atronador (me hacía recordar a pasajes del disco ``Loveless´´ de My Bloody Valentine, en un momento) que me detuvo...
...para volver a pasar por el lugar seco y ardiente; que luego se volvió un páramo desquiciado, con gentes gimiendo de dolor, violaciones a mansalva, niños degollados tirados en el suelo, El Verde penetrando con un garrote a El Viscoso, una dama blanca siendo rapada con cuchillos por gente vestida de nigromantes, quienes, con los cabellos, formaban sogas con las cuales jugaban a colgar parejas de enamorados... Cosas más indescriptibles y extravagantes...
``¿¡Que mierda es esto?!´´
Poco después desperté (Al menos, lo sentí como un tiempo corto; ¿fue en verdad fue así?). Me sentí mas ligero. ¿Estaba drogado, fue un sueño? No importaba, porque estaba en Retiro, plácidamente tirado en el furgón. Por la luna y la oscuridad circundante, supe que era de noche. Me reconfortaba.
Oí el ruido del tren en movimiento. Vi por la ventana el cartel que decía ``Villa del Parque´´, y, según percibí, se dirigía hacia Devoto. Sonreí aliviado.
Volver al Sur, diría el cineasta. Podría gritar que vale la pena vivir (luego de lo sucedido, con razón); pero no, no lo vale; no mientras siga esperando en la estación a mi amigo. Que él esté en Urquiza para mí es lo mismo que esté en Júpiter, en un aspecto; en el otro, es una distancia tan triste que no emociona, solo apena el corazón...
martes, 25 de septiembre de 2012
Bodas
Felipe y Natanael, cierto día, aparecieron en casa de Jesús; las únicas presencias eran las de Santiago y Tadeo. María dormía tranquilamente y no oyó nada de esta conversación.
- Tengo una invitación que no vas a poder rechazar, amigo mío -jadeó Felipe a Jesús
- La tengo yo -aclaró el otro, envuelto en sudor.
Jesús, sorprendido por el hecho de que hayan recorrido la distancia entre Caná y Nazareth a las corridas, les dio un poco de agua. Ya descansados y bebidos, Natanael habló:
- Boda. Una boda. Están todos invitados. Un pariente mío con una mujer de Judea. Se casan, claro.
Los tres aceptaron de inmediato la invitación, aunque Jesús tenía reparos por su madre. Tadeo pensó en invitar a Juan, pero ya hasta en la Decápolis se hablaba de un profeta galileo que profetizaba y bautizaba en las orillas del Jordán. Imposible que se vuelva atrás.
- Entonces, iremos cuatro de esta casa. Podrías avisarle al novio -sugirió Jesús.
- ¡Si, cuando volvamos! -gimió Felipe, deseoso de quedarse a charlar con el carpintero.
Mientras Felipe iba a comprar algo de harina, aparecieron en el horizonte unas personas. Los discípulos se congregaban con Él: Pedro y Andrés, Santiago y Juan, y Simón, un amigo de Natanael, habían aparecido a lo largo de aquella tarde.
Así, sucedió el día y la tarde. Para la noche, ya todos estaban en sus hogares, y Jesús se hallaba muy alegre de saber que sus discípulos se llevaban tan bien.
Para la noche, luego de moler el grano, María y Jesús charlaron sobre la boda.
- ¿Vamos, ma? Es mañana.
- ¿Vos querés ir?
Jesús asintió.
- Entonces se va.
El Hijo la miró inquieto.
- A veces creo que me mimás de más.
- Por algo soy tu madre. No se porqué creo que, en el futuro, vas a necesitar mucho amor; y, cuando estés mal, te vas a acordar de todo el amor que te pude dar ahora.
Respiraron profundamente. María guardó unas mantas, tapó una olla, y finalizó:
- No quiero reprocharme nada con vos. Nunca. Te quiero mucho.
- Yo también, Mamá. Mucho.
Jesús y su familia se levantaron bien temprano, yendo en caravana junto al resto de los invitados de Nazareth a las bodas que se realizaban en Caná.
Llegaron en unas horas, para la primer hora de la tarde. El vino recién salía, la comida estaba fresca, los músicos andaban por las primeras canciones.
María pidió ver a los novios en soledad. Sorpresa grata se llevó al ver que la novia era una pariente lejana suya, que hacía tiempo vivía en Jerusalén.
- ¿Entonces somos parientes políticos? -trató de comprender Natanael posteriormente.
- Así parece -sonrió María, con su inocencia intacta.
Mientras tanto, Jesús, Santiago y Tadeo recorrieron Caná, convulsionada por la boda. Buscaron algunos ungüentos que sirvieran como modesto regalo de bodas, pero, con todas las tiendas cerradas, se apersonaron sin nada en la tarde de la fiesta.
Así llegaron a la fiesta: sólo con los ánimos de diversión. Aún, con las primeras estrellas apareciendo, el sol cambiando lentamente el tono de su majestuosidad, no se había encendido la chispa de la danza.
- El principio siempre es ocioso -escuchó Jesús desde un costado. El joven flautista continuó:- Luego, todos van tomando el ritmo de la celebración.
Jesús lo miró como esperándolo. Éste músico se presentó ante la familia del carpintero.
- Tomás, un gustazo.
- Jesús, y ellos son Santiago y Tadeo. Nos veremos pronto -afirmó, para sorpresa de Tomás. Él pensaba en disfrutar la boda, comer y beber gratis, cobrar dinero y volverse a Tiro. Volver a ver pronto a un galileo, no era precisamente un plan interesante.
''Pensamientos estúpidos. Debo afinar la flauta, tocar lo que diga el novio y volver a casa''
La noche aparecía sobre los montes y edificios de Caná. Juan y Santiago, los hermanos, bailaban con destreza. Reían y tomaban vino de una cantimplora que tenían en la mano mientras ejecutaban movimientos similares a los que vieron de un trapecista romano en las calles de Séforis. Terminó siendo una imitación bastante pobretona pero graciosa.
Las mujeres solteras de Galilea danzaban junto a ellos, lejos o cerca alternativamente; todos reían saludables, vigorosos. Eran jóvenes y querían divertirse, porque mañana era Shabat, descanso casa adentro. Aunque, también, se divertían porque eran jóvenes y simplemente querían disfrutar de su vida. Un poco de vino y de danza, luna llena, viento calmo que venía del norte... ¿qué había de malo en ello?
Las griegas y romanas de Séforis y Tiro, con sus cabelleras sueltas, provocaban a varios judíos; los mas nacionalistas estaban espantados, pero los más liberales bailaban sin preocupaciones. Andrés, Juan y Santiago, claro, estaban entre estos últimos. Entre los primeros, entretanto, figuraban varios fariseos que se retiraron al cabo de dos o tres horas de iniciada la celebración.
- Esto es un descontrol -gimió Tadeo a su primo-. Si sabía que venían estos paganos, me quedaba terminando la mesa del gordo Samuel a la luz de las lámparas.
- No digas eso -reprochó Jesús-. No digas cosas de las que luego puedas arrepentirte, Tadeo, hermano mío...
Tadeo y su hermano Santiago quedaron callados en sus asientos, mirando la fiesta y bebiendo vino, charlando con Pedro y Felipe, los de Betsaida. Sus esposas y niños, pequeños ellos, quedaron a un costado, ya que eran casadas y no era bien visto que se mezclaran tanto con los hombres, aún en el ámbito rural, mas flexible en ciertos asuntos.
Jesús tomó vino y bailó un poco, junto a los jóvenes. Su destreza en las piernas era inigualable por parte de sus discípulos, aunque algunos griegos lo igualaban. La herencia de los bacanales aún persistía en Asia Menor. Pronto, Él se cansó de dar brincos y gambetas y volvió a su asiento. Sabía que mañana debía volver al taller a finalizar unos detalles de unas sillas y terminar las tablas para la valla de un mercader griego.
Varias mujeres se acercaron al Salvador, pero Él se negó como un autómata. Presentaba su sonrisa y su negativa, que no era tomada a mal, ya que Él era muy cortés. Seguía pensando en la madera, en los discípulos, en la misión.
María, ante esto, se asustó. ¿Podía ser que, luego de tantos años, cediera...? Pero no, pronto se tranquilizó al ver la escena de las mujeres yéndose por el mismo lado por el que venían sin obtener respuestas positivas. La situación, con el paso de los minutos, le resultó hasta graciosa. Pensó en ellas: ''¡Si tan solo pudieran conseguir a su amor! Dios lo quiera así.''.
Jesús tomó un poco de pescado frito y lo devoró de unos bocados. Estaba sentado en una mesa abandonada, viendo el baile sin fin de Juan y Santiago, ahora con unas panderetas en la mano. Sonrió al verlos con tanta vida para dar. Era cuestión de reacomodarla, direccionarla a fines divinos...
Mientras pensaba en los hermanos, ni se esperaba la sorpresa que su madre le deparaba.
- Hijo.
- ¿Si?
- El vino se... -E hizo un gesto con la mano de ''se terminó todo''.
- Ah -dijo Él, mirando a Santiago, el hijo de Zebedeo, danzando simiescamente.
- ¿Ah? ¿Esa es tu respuesta? -Rió liviana, con el aire, con las olas del Mar de Galilea.
Jesús la miró escéptico.
- ¿Que querés que haga? No empezó mi misión. No me parece adecuado.
María sonrió con asombro.
- Como digas -Y se levantó de su asiento.
Se dirigió a unos empleados del novio que comían pescado y dátiles de una mesa.
- Hola, ustedes.
Los tipos, fornidos galileos, la miraron asombrados.
- ¡Si, ustedes! Hagan lo que Él les diga -ordenó, señalando a Jesús mismo.
No se negaron a la orden de la mujer, ya que, por un lado, era pariente de la novia; pero, por el otro, el hombre señalado tenía un encanto magnético; aún sin que los mirara, se sentían obligados a obedecerlo de algún modo...
Se apersonaron frente a Jesús. Él, observador de la situación, saludó y ordenó:
- Llénenlas de agua.
Se refería a unas tinajas enormes destinadas al agua de purificación. Hecho esto, prosiguió:
- Llévenselas a su jefe.
Llevaron las tinajas al maestro de la ceremonia, un amigo del esposo. Éste probó el contenido de las tinajas y sorbió vino. Era exquisito. Libanés. No, africano... ¿O de alguna región de la Galia? Jamás (ni antes ni después) probó vino de esa calidad.
De inmediato mandó a repartirlo por el salón, y por la puerta, donde estaba la mesa de la cual se proveían los bailarines y los músicos.
El maestro de ceremonias, inquieto, se acercó al esposo. Le preguntó a escondidas:
- ¿De donde sacaste ese último vino? Es genial. Fenomenal.
Éste no supo qué responder; el maestro de ceremonias continuó diciendo:
- Lo tuyo sí que es raro: todos los hombres arrancan sirviendo el mejor vino y, una vez entonados todos, sirven el peor; pero vos hiciste al revés, dejando lo mejor del fruto de la vid para lo último...
El hombre dejó solo al esposo, quien miró hacia todos lados viendo quién podía haber conseguido aquel vino extraño, de gusto liviano y sedoso aroma. No lo encontró aún siendo las siete de la mañana, cuando se decidió a tomar a su novia e irse al lecho. Mas tarde, se autoconvenció de que era romano. Sonrió tontamente al pensarlo, y recordó por siempre el gusto de aquel ''vino romano'', primicia de un vino nuevo que estaba apareciendo.
- Tengo una invitación que no vas a poder rechazar, amigo mío -jadeó Felipe a Jesús
- La tengo yo -aclaró el otro, envuelto en sudor.
Jesús, sorprendido por el hecho de que hayan recorrido la distancia entre Caná y Nazareth a las corridas, les dio un poco de agua. Ya descansados y bebidos, Natanael habló:
- Boda. Una boda. Están todos invitados. Un pariente mío con una mujer de Judea. Se casan, claro.
Los tres aceptaron de inmediato la invitación, aunque Jesús tenía reparos por su madre. Tadeo pensó en invitar a Juan, pero ya hasta en la Decápolis se hablaba de un profeta galileo que profetizaba y bautizaba en las orillas del Jordán. Imposible que se vuelva atrás.
- Entonces, iremos cuatro de esta casa. Podrías avisarle al novio -sugirió Jesús.
- ¡Si, cuando volvamos! -gimió Felipe, deseoso de quedarse a charlar con el carpintero.
Mientras Felipe iba a comprar algo de harina, aparecieron en el horizonte unas personas. Los discípulos se congregaban con Él: Pedro y Andrés, Santiago y Juan, y Simón, un amigo de Natanael, habían aparecido a lo largo de aquella tarde.
Así, sucedió el día y la tarde. Para la noche, ya todos estaban en sus hogares, y Jesús se hallaba muy alegre de saber que sus discípulos se llevaban tan bien.
Para la noche, luego de moler el grano, María y Jesús charlaron sobre la boda.
- ¿Vamos, ma? Es mañana.
- ¿Vos querés ir?
Jesús asintió.
- Entonces se va.
El Hijo la miró inquieto.
- A veces creo que me mimás de más.
- Por algo soy tu madre. No se porqué creo que, en el futuro, vas a necesitar mucho amor; y, cuando estés mal, te vas a acordar de todo el amor que te pude dar ahora.
Respiraron profundamente. María guardó unas mantas, tapó una olla, y finalizó:
- No quiero reprocharme nada con vos. Nunca. Te quiero mucho.
- Yo también, Mamá. Mucho.
Jesús y su familia se levantaron bien temprano, yendo en caravana junto al resto de los invitados de Nazareth a las bodas que se realizaban en Caná.
Llegaron en unas horas, para la primer hora de la tarde. El vino recién salía, la comida estaba fresca, los músicos andaban por las primeras canciones.
María pidió ver a los novios en soledad. Sorpresa grata se llevó al ver que la novia era una pariente lejana suya, que hacía tiempo vivía en Jerusalén.
- ¿Entonces somos parientes políticos? -trató de comprender Natanael posteriormente.
- Así parece -sonrió María, con su inocencia intacta.
Mientras tanto, Jesús, Santiago y Tadeo recorrieron Caná, convulsionada por la boda. Buscaron algunos ungüentos que sirvieran como modesto regalo de bodas, pero, con todas las tiendas cerradas, se apersonaron sin nada en la tarde de la fiesta.
Así llegaron a la fiesta: sólo con los ánimos de diversión. Aún, con las primeras estrellas apareciendo, el sol cambiando lentamente el tono de su majestuosidad, no se había encendido la chispa de la danza.
- El principio siempre es ocioso -escuchó Jesús desde un costado. El joven flautista continuó:- Luego, todos van tomando el ritmo de la celebración.
Jesús lo miró como esperándolo. Éste músico se presentó ante la familia del carpintero.
- Tomás, un gustazo.
- Jesús, y ellos son Santiago y Tadeo. Nos veremos pronto -afirmó, para sorpresa de Tomás. Él pensaba en disfrutar la boda, comer y beber gratis, cobrar dinero y volverse a Tiro. Volver a ver pronto a un galileo, no era precisamente un plan interesante.
''Pensamientos estúpidos. Debo afinar la flauta, tocar lo que diga el novio y volver a casa''
La noche aparecía sobre los montes y edificios de Caná. Juan y Santiago, los hermanos, bailaban con destreza. Reían y tomaban vino de una cantimplora que tenían en la mano mientras ejecutaban movimientos similares a los que vieron de un trapecista romano en las calles de Séforis. Terminó siendo una imitación bastante pobretona pero graciosa.
Las mujeres solteras de Galilea danzaban junto a ellos, lejos o cerca alternativamente; todos reían saludables, vigorosos. Eran jóvenes y querían divertirse, porque mañana era Shabat, descanso casa adentro. Aunque, también, se divertían porque eran jóvenes y simplemente querían disfrutar de su vida. Un poco de vino y de danza, luna llena, viento calmo que venía del norte... ¿qué había de malo en ello?
Las griegas y romanas de Séforis y Tiro, con sus cabelleras sueltas, provocaban a varios judíos; los mas nacionalistas estaban espantados, pero los más liberales bailaban sin preocupaciones. Andrés, Juan y Santiago, claro, estaban entre estos últimos. Entre los primeros, entretanto, figuraban varios fariseos que se retiraron al cabo de dos o tres horas de iniciada la celebración.
- Esto es un descontrol -gimió Tadeo a su primo-. Si sabía que venían estos paganos, me quedaba terminando la mesa del gordo Samuel a la luz de las lámparas.
- No digas eso -reprochó Jesús-. No digas cosas de las que luego puedas arrepentirte, Tadeo, hermano mío...
Tadeo y su hermano Santiago quedaron callados en sus asientos, mirando la fiesta y bebiendo vino, charlando con Pedro y Felipe, los de Betsaida. Sus esposas y niños, pequeños ellos, quedaron a un costado, ya que eran casadas y no era bien visto que se mezclaran tanto con los hombres, aún en el ámbito rural, mas flexible en ciertos asuntos.
Jesús tomó vino y bailó un poco, junto a los jóvenes. Su destreza en las piernas era inigualable por parte de sus discípulos, aunque algunos griegos lo igualaban. La herencia de los bacanales aún persistía en Asia Menor. Pronto, Él se cansó de dar brincos y gambetas y volvió a su asiento. Sabía que mañana debía volver al taller a finalizar unos detalles de unas sillas y terminar las tablas para la valla de un mercader griego.
Varias mujeres se acercaron al Salvador, pero Él se negó como un autómata. Presentaba su sonrisa y su negativa, que no era tomada a mal, ya que Él era muy cortés. Seguía pensando en la madera, en los discípulos, en la misión.
María, ante esto, se asustó. ¿Podía ser que, luego de tantos años, cediera...? Pero no, pronto se tranquilizó al ver la escena de las mujeres yéndose por el mismo lado por el que venían sin obtener respuestas positivas. La situación, con el paso de los minutos, le resultó hasta graciosa. Pensó en ellas: ''¡Si tan solo pudieran conseguir a su amor! Dios lo quiera así.''.
Jesús tomó un poco de pescado frito y lo devoró de unos bocados. Estaba sentado en una mesa abandonada, viendo el baile sin fin de Juan y Santiago, ahora con unas panderetas en la mano. Sonrió al verlos con tanta vida para dar. Era cuestión de reacomodarla, direccionarla a fines divinos...
Mientras pensaba en los hermanos, ni se esperaba la sorpresa que su madre le deparaba.
- Hijo.
- ¿Si?
- El vino se... -E hizo un gesto con la mano de ''se terminó todo''.
- Ah -dijo Él, mirando a Santiago, el hijo de Zebedeo, danzando simiescamente.
- ¿Ah? ¿Esa es tu respuesta? -Rió liviana, con el aire, con las olas del Mar de Galilea.
Jesús la miró escéptico.
- ¿Que querés que haga? No empezó mi misión. No me parece adecuado.
María sonrió con asombro.
- Como digas -Y se levantó de su asiento.
Se dirigió a unos empleados del novio que comían pescado y dátiles de una mesa.
- Hola, ustedes.
Los tipos, fornidos galileos, la miraron asombrados.
- ¡Si, ustedes! Hagan lo que Él les diga -ordenó, señalando a Jesús mismo.
No se negaron a la orden de la mujer, ya que, por un lado, era pariente de la novia; pero, por el otro, el hombre señalado tenía un encanto magnético; aún sin que los mirara, se sentían obligados a obedecerlo de algún modo...
Se apersonaron frente a Jesús. Él, observador de la situación, saludó y ordenó:
- Llénenlas de agua.
Se refería a unas tinajas enormes destinadas al agua de purificación. Hecho esto, prosiguió:
- Llévenselas a su jefe.
Llevaron las tinajas al maestro de la ceremonia, un amigo del esposo. Éste probó el contenido de las tinajas y sorbió vino. Era exquisito. Libanés. No, africano... ¿O de alguna región de la Galia? Jamás (ni antes ni después) probó vino de esa calidad.
De inmediato mandó a repartirlo por el salón, y por la puerta, donde estaba la mesa de la cual se proveían los bailarines y los músicos.
El maestro de ceremonias, inquieto, se acercó al esposo. Le preguntó a escondidas:
- ¿De donde sacaste ese último vino? Es genial. Fenomenal.
Éste no supo qué responder; el maestro de ceremonias continuó diciendo:
- Lo tuyo sí que es raro: todos los hombres arrancan sirviendo el mejor vino y, una vez entonados todos, sirven el peor; pero vos hiciste al revés, dejando lo mejor del fruto de la vid para lo último...
El hombre dejó solo al esposo, quien miró hacia todos lados viendo quién podía haber conseguido aquel vino extraño, de gusto liviano y sedoso aroma. No lo encontró aún siendo las siete de la mañana, cuando se decidió a tomar a su novia e irse al lecho. Mas tarde, se autoconvenció de que era romano. Sonrió tontamente al pensarlo, y recordó por siempre el gusto de aquel ''vino romano'', primicia de un vino nuevo que estaba apareciendo.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Unas partes
Estos son los hechos que he recopilado de la vida de Jesús el Nazareno (...) No pretendo que sean dadas por certeras e inspiradas (...) Te las confío porque quiero que creas, hija mía, que Jesús es el Señor. (...) Es mi única herencia, la mejor que te puedo legar: las memorias que he recolectado y novelado de Jesús, el Señor. Si para algo sirvió mi ciencia terrenal, que sea, al menos, para escribir sobre el Dios real, el Nombre que han venerado en Palestina desde inmemoriales tiempos, y ahora Dios de todos nosotros.
Jesús y Natanael caminaron, cierto día, por la costa del lago Tiberíades, en las afueras de la ciudad homónima.
Jesús y Natanael caminaron, cierto día, por la costa del lago Tiberíades, en las afueras de la ciudad homónima.
- ¿Para el lado de Magdala o el de Gadara? (o sea, hacia el norte o hacia el sur).
- Magdala. Galilea. -fue la respuesta del Salvador.
Caminaron en silencio durante unos minutos. Era primavera, una primavera cálida como ninguna que recordaran ambos. El sol era una espada que cortaba las aguas del lago. Casi no había nubes, y el cielo era aún añil, antes de la negrura total de la noche. Algunos pescadores saludaban exhaustos y alegres por ser el fin de la jornada.
Mientras caminaban sobre la arena, Jesús dijo:
- Escribías -Lo dijo mientras veía a lo lejos a los Hermanos del Trueno dando brincos.
Natanael mezcló una apariencia cejuda y alegre en su rostro.
- Así es, Rabí; unas letras profanas, no creo que sean de tu importancia.
- Todo lo contrario, hombre. ¿Podrías recitármelo?
- Apenas pasemos de ésto.
'Ésto' eran ciudadanos romanos y algunos soldados de escolta que caminaban hacia las aguas termales. Apenas pasaron de largo, Natanael sonrió, se aclaró la garganta con esfuerzo, pateó un guijarro de la playa y empezó a entonar el siguiente poema:
Una rosa de Petra,
o una colina de Líbano:
¿que es ya el amor
en tiempos extraños?
Ámbos largaron una carcajada.
- El poema verdadero; sin miedo, Natanael.
Éste, entonces, tomó el papel y recitó con voz brumosa:
o una colina de Líbano:
¿que es ya el amor
en tiempos extraños?
Ámbos largaron una carcajada.
- El poema verdadero; sin miedo, Natanael.
Éste, entonces, tomó el papel y recitó con voz brumosa:
Los faraones, andrajosos y pobres ya,
duermen con sus consejeros
en sus monumentos funerarios.
Edificaron piedra sobre piedra
y ahora son parajes desolados;
casi nada ha conseguido perdurar.
Así será con Roma:
sólo quedarán sus papiros,
sus ruinas y su nombre.
De su imperio,
una sombra será.
el resto fatal.
- Unas letras mas bien políticas.
- Si, Rabí.
Ambos quedaron envueltos por el viento. Jesús susurró:
- Te aseguro que así va a ser. Roma va a pasar. Al fin y al cabo, es una creación humana. Pero no te contentes: como ya dije en Nazaret, Israel será la primera en hacerse polvo.
Natanael, al igual que el resto de los seguidores nacionalistas, se entristeció de saber aquello. Sabía que Él hablaba con Verdad, entonces no le dio mas vueltas a la cuestión del Estado israelí. Jesús esperaba una pregunta que no llegó; ella se fue en un lugar de la conciencia de Natanael; uno tan lejano como las puntas de Hispania y África que se hallan cruzando el Mare Nostrum.
Siguieron caminando hacia Magdala, mirando a otros apóstoles buscando refugio en Tiberíades. La noche se acercaba. Juan y Santiago, los Hermanos del Trueno, decidieron seguirlo hacia donde fuera; y hacia la intemperie fueron, con Él y Natanael.
- Maestro ¿es que te vas y nos dejás solos? -inquirió Juan, con una preocupación alarmante.
- Solamente voy adonde quiero dormir, Juan. Tranquilo, ¿por qué temés?.
Mientras caminaban, el sol caía casi definitivamente sobre sus humanidades. El agua, las barcas encalladas, los últimos pescadores, la arquitectura de Tiberíades: todo empezaba a diluirse en la oscuridad. El riesgo de caminar por la noche era altísimo y los discípulos tenían miedo. Santiago, para disimularlo y llegar rápido, gritó:
- Propongo una carrera. El último que llegue a Magdala, tiene que pedir la casa para dormir. ¿Está bien?
No llegaron a asentir, que Santiago se largó a correr y a gritar emocionado. Los otros tres se largaron a correr detrás, y así llegaron rápidamente a Magdala. Agitados, vieron con estrépito que Juan no estaba con ellos. Santiago y Jesús fueron tras él, mientras Natanael buscó la casa para hospedarse, en una inversión casi irónica de las reglas de juego.
Para su regreso, vieron sorprendidos que la única casa que encontró Natanael fue la de una mujer viuda. Ella no tenía problemas en charlar con hombres, pero los discípulos, arraigados en costumbres, sí.
- Vengan -dijo Jesús.
Tocó la puerta y la atendió una mujer bellísima, de unos treinta años, con la cabellera roja suelta. Jesús sabía que sus discípulos no querían saber nada con ella, entonces quedaron afuera, esperando. Jesús ingresó solo a charlar con la mujer.
Luego de los saludos de rigor, a los que la mujer contestó lo más cortésmente posible (en Israel era extraño y hasta prohibido que una mujer y un hombre charlaran íntimamente sin ser pareja), Jesús le dijo:
Luego de los saludos de rigor, a los que la mujer contestó lo más cortésmente posible (en Israel era extraño y hasta prohibido que una mujer y un hombre charlaran íntimamente sin ser pareja), Jesús le dijo:
- Yo a vos te conozco.
- Eso es probable -contestó ella-: estuve en la charla que usted brindó ayer en Tiberíades.
- No, no de esa manera -agregó. Te vi antes de que nacieras.
La mujer, extrañada, lo miró de arriba abajo. Estaba hablando con un predicador itinerante, al que le abrió la puerta sin permiso de su hombre a cargo (otra vez esas reglas extrañas de las que poco entiendo). No le parecía un mal hombre; al contrario, se animó a dejarlo pasar porque le transmitía confianza y paz infinitas.
- Desde el vientre de tu madre -completó Jesús-, yo te conozco.
- Pero usted, ¿cuántos años tiene?
- Voy contando treinta y cinco -contestó entre risas el varón.
- Entonces es imposible que me conozca -aseveró la viuda-. Yo tengo treinta y uno. Con cuatro años, ¿usted me recuerda de algún lado? Pero si dicen que es un nazareno que nunca vino a estos pueblos antes...
Jesús rió con fuerzas.
- ¿No entendés, María? ¿Acaso no me escuchaste? Como conozco al Padre, y soy uno con Él, me confió desde siempre las almas. A vos te conozco desde la eternidad misma...
María quedó pasmada. Empezaba a entender que no tenía nada que ver la vida terrena de aquél hombre en aquello de conocerse.
Jesús pidió lugar para él y sus discípulos en la enorme casa de María; como el hombre a cargo de ella, su hermano menor, estaba durmiendo, no le pareció mala idea dejarlos en casa a los viajeros.
- Además, mi hermano cree en usted -afirmó María-. Lo ha seguido desde hace meses, siempre que sabe que usted está por Caná o Nazaret...
- Que se haga una idea -interrumpió el Maestro- si quiere seguirme de verdad: dejar Magdala. Voy a establecerme un tiempo en Cafarnaún, bajaré a Jerusalén por el mes de Pascua, y me iré hasta la Decápolis.
- Es muy previsor usted -notó María.
Jesús atinó a sonreír con cortesía. Quedaron detenidos en el tiempo unos segundos.
- Bueno, ¿puedo hacer pasar a mis...?
- Por favor, Rabí -urgió María.
Los tres entraron como a hurtadillas, sonrieron desganados a María y se acomodaron en el cuarto de invitados de la casa. Jesús ordenó a quién le correspondía cada cama y los instó a dormir de inmediato sin olvidar la oración de acción de gracias por el día finalizado. Antes de dormirse, saludó a la dueña de casa:
- Gracias por el hospedaje mujer. Que hermosa recompensa te tiene el Padre por dar cobijo a unos jóvenes predicadores del Reino.
- Gracias a usted, Señor. No es nada más que un deber de una buena israelita -consideró María en tono estructurado.
Jesús tomó un vaso de agua, miró las estrellas fuera de casa, volvió, y oró junto a María. Listo para descansar, dijo:
- Bendita seas.
Y luego, ante otra respuesta formal de María, pidió:
- Ah, y dejá de tratarme de usted.
- Como vos digas -Una sonrisa de sorpresa recorrió el rostro de María la Magdalena, apenas dicha la frase.
El Señor sonrió inundado de alegría.
- Así me gusta. ¡Hasta mañana! -dijo, mientras se tendía en una cama común del cuarto de invitados.
- Eso es probable -contestó ella-: estuve en la charla que usted brindó ayer en Tiberíades.
- No, no de esa manera -agregó. Te vi antes de que nacieras.
La mujer, extrañada, lo miró de arriba abajo. Estaba hablando con un predicador itinerante, al que le abrió la puerta sin permiso de su hombre a cargo (otra vez esas reglas extrañas de las que poco entiendo). No le parecía un mal hombre; al contrario, se animó a dejarlo pasar porque le transmitía confianza y paz infinitas.
- Desde el vientre de tu madre -completó Jesús-, yo te conozco.
- Pero usted, ¿cuántos años tiene?
- Voy contando treinta y cinco -contestó entre risas el varón.
- Entonces es imposible que me conozca -aseveró la viuda-. Yo tengo treinta y uno. Con cuatro años, ¿usted me recuerda de algún lado? Pero si dicen que es un nazareno que nunca vino a estos pueblos antes...
Jesús rió con fuerzas.
- ¿No entendés, María? ¿Acaso no me escuchaste? Como conozco al Padre, y soy uno con Él, me confió desde siempre las almas. A vos te conozco desde la eternidad misma...
María quedó pasmada. Empezaba a entender que no tenía nada que ver la vida terrena de aquél hombre en aquello de conocerse.
Jesús pidió lugar para él y sus discípulos en la enorme casa de María; como el hombre a cargo de ella, su hermano menor, estaba durmiendo, no le pareció mala idea dejarlos en casa a los viajeros.
- Además, mi hermano cree en usted -afirmó María-. Lo ha seguido desde hace meses, siempre que sabe que usted está por Caná o Nazaret...
- Que se haga una idea -interrumpió el Maestro- si quiere seguirme de verdad: dejar Magdala. Voy a establecerme un tiempo en Cafarnaún, bajaré a Jerusalén por el mes de Pascua, y me iré hasta la Decápolis.
- Es muy previsor usted -notó María.
Jesús atinó a sonreír con cortesía. Quedaron detenidos en el tiempo unos segundos.
- Bueno, ¿puedo hacer pasar a mis...?
- Por favor, Rabí -urgió María.
Los tres entraron como a hurtadillas, sonrieron desganados a María y se acomodaron en el cuarto de invitados de la casa. Jesús ordenó a quién le correspondía cada cama y los instó a dormir de inmediato sin olvidar la oración de acción de gracias por el día finalizado. Antes de dormirse, saludó a la dueña de casa:
- Gracias por el hospedaje mujer. Que hermosa recompensa te tiene el Padre por dar cobijo a unos jóvenes predicadores del Reino.
- Gracias a usted, Señor. No es nada más que un deber de una buena israelita -consideró María en tono estructurado.
Jesús tomó un vaso de agua, miró las estrellas fuera de casa, volvió, y oró junto a María. Listo para descansar, dijo:
- Bendita seas.
Y luego, ante otra respuesta formal de María, pidió:
- Ah, y dejá de tratarme de usted.
- Como vos digas -Una sonrisa de sorpresa recorrió el rostro de María la Magdalena, apenas dicha la frase.
El Señor sonrió inundado de alegría.
- Así me gusta. ¡Hasta mañana! -dijo, mientras se tendía en una cama común del cuarto de invitados.
martes, 11 de septiembre de 2012
Restart
Quiero volver a empezar;
una nueva soledad
se cierne sobre mis rutas.
Intocable está el ángel
que espía a mi conciencia.
No quiero excitarme,
ni siquiera al ver a la delicada
rubia que antes me dejaba ciego.
Todo fue fallando
y, al final, fallecimiento.
Ya está, ¿que más esperar?
Es tiempo de pulsar 'restart'
y que sea lo que Dios desea.
una nueva soledad
se cierne sobre mis rutas.
Intocable está el ángel
que espía a mi conciencia.
No quiero excitarme,
ni siquiera al ver a la delicada
rubia que antes me dejaba ciego.
Todo fue fallando
y, al final, fallecimiento.
Ya está, ¿que más esperar?
Es tiempo de pulsar 'restart'
y que sea lo que Dios desea.
jueves, 30 de agosto de 2012
Caridad
Se despierta haciendo
la misma pregunta sin respuesta;
desolada como una triste
capitana sin timón.
La mente la engaña,
y ella sufre sin marcarse el físico.
''¿Vale la pena?'', gime en silencio
frente a un muro de espectros.
![]() |
| Segundas leyes, segundas interpretaciones. |
Una segunda reforma,
tercera y cuarta ya;
la soberbia la persigue
y no consigue escapar.
'Dama tan herida
y tan feroz;
no podés ver la belleza
que se encarna en vos...'
sábado, 25 de agosto de 2012
Amanecer
Disculpame, pero no puedo,
ya no poseo el tiempo.
Camino en otra dirección,
trato de correrme del carril
que me lleva hacia vos,
pero me atraes bien magnética.
Quiero abrazarte y decirte
que me quiero ir,
darte las buenas noches
en un carrusel de emociones.
Amanecer con vos...
Es un adiós. Es también
mi manera de soñar:
demasiado grande.
ya no poseo el tiempo.
Camino en otra dirección,
trato de correrme del carril
que me lleva hacia vos,
pero me atraes bien magnética.
Quiero abrazarte y decirte
que me quiero ir,
darte las buenas noches
en un carrusel de emociones.
Amanecer con vos...
Es un adiós. Es también
mi manera de soñar:
demasiado grande.
lunes, 20 de agosto de 2012
Speechless
I’m a
speechless man,
Beautiful woman.
The wind,
your voice
Making
ashes my world;
You, little
dragon unchained...
Reading a
manga,
Forgetting my
own,
You, soul
eater...
¡Ashes,
ashes!
Stupid
blonde,
You kill my
truths.
I need a
new world,
Corrupted,
banished,
Hundred of
monsters exiled there.
Use your
brain,
ADN, please
wait.
Stupid-maker
in make-up.
Get the
fuck off,
I’m not
speechless anymore.
domingo, 22 de julio de 2012
Ángulos
Los jóvenes caminan como si fuesen en procesión a cumplir una promesa. La playa es su santuario; el mar, parecido a un tapiz de escritorio de PC, hace de pared; y el cielo que recién cae y se funde en naranja y cián funciona de techo.
Juan está con su cámara. Se dedica a filmar las morisquetas de Lucio, el escultural cuerpo de Marina, el flaco pero delicado cuerpo de Sofía, la cara de traste de Iván. Los cinco se dirigen a la arena, solos. Dicen que un animal marino cruza el mar y asusta a las personas, pero estos chicos no se amilanan. Todos tienen veinte años, salvo Marina, con dieciocho. Legalmente mayores, ''no pasa nada'' según Iván.
La arena luce de color alazán a la luz del atardecer. El cielo sin nubes, el mar, un viento en constante cambio... Todo es perfecto. A Juan esta perfección aparente lo asusta, pero a los demás claro que no. Están acostumbrados a un relax vital que él no maneja, porque está en la tensión de su hogar, de su trabajo, de su afición artística que cree frustrada, de un amor reprimido...
Pronto llegan a la playa. Lucio y Sofía se lanzan a la carrera, cada cual por su lado. Nunca lo reconocerían, pero quieren estar juntos, solos, teniendo sexo como leones. Hace años están enganchados, pero hace más años son amigos, y no se animan a cruzar el límite. Además, saben que Juan quiere a Sofía; y que se pondría sumamente triste de... saber... ''Es un chico susceptible'' bien comentó Lucio en una reunión donde Juan no estaba presente por una enfermedad.
Marina e Iván, como acostumbran los novios, se deslizan con suavidad hacia el límite entre las mareas. Hace ya unos meses que están de novios, luego de un año entero teniendo salidas y sexo a escondidas. Todos festejaron su compromiso público; especialmente los padres de Iván, quien sabe por qué.
Juan filma. Quiere ser cineasta, aunque cursa Letras. La academia de cine se le hace difícil de acceder. Mientras, Letras es linda -y estatal, gratuita. Le gusta escribir historias. Ama fantasear. Ama mentir. Ama mentirse. Si no pudiera hacerlo, no soportaría vivir. Se suicidaría sin remedio. Pero el instinto de supervivencia lo hace inventar con tal de salvarse; y decidió canalizar esto de manera artística.
Marina invita a Juan a apagar la cámara y mandarse al agua. ''Tirá las cosas junto a nuestras porquerías y venite'' exclama con vehemencia. Pronto se suman los otros tres en el reclamo. ''Juan al agua, Juan al agua''.
Y Juan, luego de hacerse el difícil, apaga la cámara, la guarda en su mochila, se saca la remera y se manda al mar junto a sus amigos.
Los cinco comulgan con el agua y se hacen parte de una vida superior, de una Naturaleza, de una Paz que no puedo explicar. Ellos tampoco. Porque, pensemos que las palabras o gestos son cosas pequeñas, futiles y mutables; pueden significar cualquier cosa. Son muy imprecisas, dependen de lo subjetivo. No alcanzan para definir un sentimiento de Verdad con exactitud.
Creo que tampoco tiene sentido explicar algo cuando solo importa disfrutar... Con decirles que los cinco estuvieron hasta las 22 horas en el mar, sonriendo, cantando, gritando, amando, basta para hablar de felicidad.
Juan está con su cámara. Se dedica a filmar las morisquetas de Lucio, el escultural cuerpo de Marina, el flaco pero delicado cuerpo de Sofía, la cara de traste de Iván. Los cinco se dirigen a la arena, solos. Dicen que un animal marino cruza el mar y asusta a las personas, pero estos chicos no se amilanan. Todos tienen veinte años, salvo Marina, con dieciocho. Legalmente mayores, ''no pasa nada'' según Iván.
La arena luce de color alazán a la luz del atardecer. El cielo sin nubes, el mar, un viento en constante cambio... Todo es perfecto. A Juan esta perfección aparente lo asusta, pero a los demás claro que no. Están acostumbrados a un relax vital que él no maneja, porque está en la tensión de su hogar, de su trabajo, de su afición artística que cree frustrada, de un amor reprimido...
Pronto llegan a la playa. Lucio y Sofía se lanzan a la carrera, cada cual por su lado. Nunca lo reconocerían, pero quieren estar juntos, solos, teniendo sexo como leones. Hace años están enganchados, pero hace más años son amigos, y no se animan a cruzar el límite. Además, saben que Juan quiere a Sofía; y que se pondría sumamente triste de... saber... ''Es un chico susceptible'' bien comentó Lucio en una reunión donde Juan no estaba presente por una enfermedad.
Marina e Iván, como acostumbran los novios, se deslizan con suavidad hacia el límite entre las mareas. Hace ya unos meses que están de novios, luego de un año entero teniendo salidas y sexo a escondidas. Todos festejaron su compromiso público; especialmente los padres de Iván, quien sabe por qué.
Juan filma. Quiere ser cineasta, aunque cursa Letras. La academia de cine se le hace difícil de acceder. Mientras, Letras es linda -y estatal, gratuita. Le gusta escribir historias. Ama fantasear. Ama mentir. Ama mentirse. Si no pudiera hacerlo, no soportaría vivir. Se suicidaría sin remedio. Pero el instinto de supervivencia lo hace inventar con tal de salvarse; y decidió canalizar esto de manera artística.
Marina invita a Juan a apagar la cámara y mandarse al agua. ''Tirá las cosas junto a nuestras porquerías y venite'' exclama con vehemencia. Pronto se suman los otros tres en el reclamo. ''Juan al agua, Juan al agua''.
Y Juan, luego de hacerse el difícil, apaga la cámara, la guarda en su mochila, se saca la remera y se manda al mar junto a sus amigos.
Los cinco comulgan con el agua y se hacen parte de una vida superior, de una Naturaleza, de una Paz que no puedo explicar. Ellos tampoco. Porque, pensemos que las palabras o gestos son cosas pequeñas, futiles y mutables; pueden significar cualquier cosa. Son muy imprecisas, dependen de lo subjetivo. No alcanzan para definir un sentimiento de Verdad con exactitud.
Creo que tampoco tiene sentido explicar algo cuando solo importa disfrutar... Con decirles que los cinco estuvieron hasta las 22 horas en el mar, sonriendo, cantando, gritando, amando, basta para hablar de felicidad.
miércoles, 4 de julio de 2012
Llueve
En mi olfato,
el perfume de tu pelo;
en mis ojos,
he grabado tu temblor.
En mis dedos,
el recuerdo de tus llagas;
en mis labios,
solo hay desolación.
Una desolación tan cruel
como yo solo pude creer,
y no es así, no es verdad,
que esto tiene que acabar.
En las tardes
ya no suena tu llegada
que cambiaba
todo de su dirección.
Y en las noches
las luces están apagadas;
no necesito
otra cosa que tu voz. (Que tu dulce voz)
Llueve en mi corazón,
llueve en mi corazón.
¿Por qué no tengo -piba-
tu consideración?
Y me siento
tan solo y tan deprimido
que no veo
mas que sombras en el sol.
tan solo y tan deprimido
que no veo
mas que sombras en el sol.
¿Cuando va a
terminar este suplicio?
Cuando vuelvas,
se que volverá el sabor (De vivir con vos)
terminar este suplicio?
Cuando vuelvas,
se que volverá el sabor (De vivir con vos)
Llueve en mi corazón,
llueve en mi corazón,
Se anega mi sensación
de tenerte
de abrazarte
de reír otra vez.
Llueve y no hay escapatoria.
Llueve y no puedo esconderme
de mi dolor.
De mi dulce dolor.
llueve en mi corazón,
Se anega mi sensación
de tenerte
de abrazarte
de reír otra vez.
Llueve y no hay escapatoria.
Llueve y no puedo esconderme
de mi dolor.
De mi dulce dolor.
lunes, 4 de junio de 2012
Simple
El estilo de los hombres.
El camino de Dios.
La desventura
y el desvarío.
El cariño de los hombres.
El placer de Dios.
Epifanías y destrucciones,
crecimientos y decepciones.
El poder de los hombres.
La amargura de Dios.
La caridad de los hombres.
Dios.
El camino de Dios.
La desventura
y el desvarío.
El cariño de los hombres.
El placer de Dios.
Epifanías y destrucciones,
crecimientos y decepciones.
El poder de los hombres.
La amargura de Dios.
La caridad de los hombres.
Dios.
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